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El para qué del orden

Si me has leído en alguna ocasión, sabes que encuentro inspiración en el día a día para el tema del post semanal. Hace un par de días tuve una breve conversación con una mujer, madre de hijos que ya no son “niños”, pero cuyos hábitos de organización deben aún madurar bastante. Aunque la conversación fue ligera y en clave de humor, ambas sabemos que el orden y la organización que mantienen nuestros hijos tiene importancia más allá de lo estético, o de lo que nos pueda incomodar a nosotras. Cuando concluimos, una dice “mal de muchos”. Puedes imaginar lo que contesta la otra…

Hay personas que ven cierta virtud de fondo en el desorden, atribuyéndolo a una actitud relajada y alegando la supuesta libertad de no ser esclavos del orden. Evidentemente, no se trata de llevar ninguna actitud al extremo, ni de ser esclavos de nada. Tampoco de los efectos que desorden tiene en nuestras vidas.

Basta con experimentar las dos maneras de vivir en piel propia y decidir cual nos beneficia más. Para mi no  hay duda.

La desorganización contribuye al estrés, al cansancio y propicia hábitos poco saludables, entre otras cosas. La organización y el orden tienen ventajas tanto a nivel cognitivo, como a nivel emocional y conductual.

Te resumo algunas razones por las que nos conviene ser organizados:

Autenticidad. Poner orden te ayuda a verte con mayor claridad. Al eliminar cosas que no coinciden con quién eres te acercas a tu autentico ser. Al rodearte de aquello que se ajusta a tus valores y objetivos y deshacerte de lo que no refleja tu verdadero yo te liberas de un peso físico y emocional, a veces enorme.

Autoestima. La sensación de logro y satisfacción a la que te conduce el hecho de deshacerte del desorden aumenta la confianza en ti mismo y, en consecuencia, también tu autoestima. Date la oportunidad de comprobarlo.

Estabilidad. Ser organizada te proporciona estructura y estabilidad mental, favorece la capacidad de concentración, te ayuda a clarificar las ideas, y además, contribuye a que tu memoria trabaje con mayor eficiencia.

Productividad. Cuando todo está en su sitio, tu cerebro no pierde el foco con estímulos visuales innecesarios y te resulta más fácil concentrarte en la tarea que tienes entre manos, así que, como consecuencia, tu productividad se incrementa.

Salud. Organizarte te proporciona una sensación de mejor control de tu vida, disminuyendo así tus niveles de estrés y ansiedad. Paralelamente, ya sabes: menos estrés equivale a más salud.

Sostenibilidad. Al tener un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio, tienes claro de qué dispones.  No duplicas objetos, comprando cosas nuevas porque no te acuerdas de que ya las tenías, o porque no sabes dónde están. Es decir, ser organizado te permite ser más sostenible y evita que gastes dinero absurdamente.

Tiempo. Tus días tienen el mismo número de horas que los de cualquiera. Sin embargo, al ayudarte a enfocarte en la tarea presente, el orden te permite optimizar la distribución del tiempo y sientes que “dispones” de más.

Si alguna vez has hecho algo así como un Marie Kondo a lo grande, te habrás dado cuenta de que, a pesar del esfuerzo invertido, lo más complicado no es ordenar y limpiar de una sola vez. Lo importante es conseguir mantener ese orden, contar con un sistema que te funcione y te permita tener más organización en tu vida. Sea cual sea tu sistema, existen unos super básicos.

Super básicos.

Estos puntos me parecen tan obvios que siento que debo pedirte disculpas antes de que los leas. Por lo que he podido comprobar, son muy obvios, cierto. Pero también son muy obviados. Vamos con ellos.

1  Haz la cama. Hemos visto porqué es importante para tu cerebro mantener tus espacios ordenados. Empieza el día con ese pequeño logro de orden y organización. Además, permíteme añadir un matiz. Aunque no veas la cama porque no estás en casa en todo el día, te mereces finalizarlo en una habitación agradable, en una cama bien hecha y con sábanas limpias. Respétate y trátate de lujo, hasta en los pequeños detalles.

2 Cuando termines de ducharte, recoge pelos, aclara restos de jabón y otros productos que hayas usado. Y cuelga la toalla, ¡bien colgada!.

3  Mantén tu mesa de trabajo ordenada mientras trabajas y déjala recogida cuando termines tu jornada.

4  Tira la basura a la basura o al reciclaje. Papeles, envoltorios, bricks o latas de bebida vacías… su sitio no es tu mesa de trabajo, ni ninguna otra mesa.

5  Si usas un plato o vaso, mételo en el lavavajillas o friégalo. Su sitio tampoco es tu mesa de trabajo, ni ninguna otra mesa.

Deja las puertas de los armarios, cajones y cajas cerrados.

Al final del día, guarda los zapatos, la chaqueta y el bolso en el lugar que tengas asignado para ellos y la ropa para lavar en el cesto de la ropa para lavar.

Cada vez que uses algo, devuélvelo al sitio que tienes asignado para ello al terminar. Si, cada vez.

9  Mantén tu bolso en orden: cuanto más grande es el bolso que llevamos, más tendemos a acumular. Puede llegar a convertirse realmente en un saco sin fondo: papeles, tickets, kleenex y objetos inverosímiles varios. Hazte con organizador para mantener el orden también dentro de tu bolso.

10  Mantén ordenado tu armario: guarda la ropa que usas bien colgada y bien doblada. Revísalo frecuentemente para no acumular prendas que nunca te pones y que están ocupando un espacio.  Dale también un repaso a la ropa interior, calcetines, pijamas y la ropa que llevas para estar por casa. Que tu armario te transmita armonía, alegría y ligereza.

11 Mantén limpias y en orden las brochas, esponjitas, cajas, tubos y demás utensilios de maquillaje.

12  Mantén limpio tu coche ¡por fuera y por dentro.!

El objetivo no es tenerlo todo en plan foto de revista. Nuestras cosas son para usarlas, disfrutarlas y vivirlas. Sin embargo, como es adentro es a fuera y hay un orden que se refleja desde ti. Vence la pereza, crea y apóyate en hábitos que trabajen a tu favor, que te ayuden a avanzar hacia donde quieres.

¿Qué super básico añadirías tú?

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