Esta semana he escuchado un podcast del autor del libro Lifespan: why we age and why we don’t have to, el doctor David Sinclair, cuyo objetivo es resetear nuestro código epigenético. El doctor Sinclair es actualmente profesor en el Departamento de Genética y co-director del Paul Glenn Center for the Biology of Aging (lo cual tal vez no te dice mucho) en la escuela de medicina de Harvard (lo cual posiblemente te diga algo más).
David Sinclair hace una afirmación que me ha llamado la atención: “envejecer es una enfermedad que puede tratarse. Todo indica que el envejecimiento no va a ser algo difícil de tratar y que es mucho más sencillo que curar el cáncer”. El doctor explica que es posible activar nuestras defensas contra el envejecimiento, los genes de la longevidad, de una manera simple. Parece que prolongar la vida, gozando a la vez de una buena salud, está a la vuelta de la esquina.
El contenido del podcast es amplio y despierta la curiosidad por adentrarte en la complejidad de cómo la ciencia puede ayudarnos a controlar, frenar y revertir el proceso de envejecimiento.
Según David Sinclair el peso de la genética en la esperanza de vida es sólo del 20%. El 80% de tu salud al envejecer depende de ti, de cómo vives tu vida. Así que, mientras la ciencia avanza, me quedo con algunos de los hábitos sugeridos. Son sencillos y hasta obvios, pero no siempre los tenemos en cuenta. Son un recordatorio de lo que quizás sabemos, pero no siempre llevamos a la práctica.
Adiós a los malos humos, de una vez por todas. Lo hemos oído mil veces, el tabaco mata. Esto se aplica también a las alternativas a los cigarrillos convencionales. Los productos químicos que introducimos en nuestros pulmones tienen un efecto significativo en la química del cuerpo y en nuestra salud general. Fumar daña el ADN celular y acelera el proceso del envejecimiento, innegablemente.
HIIT (High Intensity Interval Training). Es muy posible que te suene o tal vez ya lo practicas. Se trata un tipo de entrenamiento deportivo basado en sesiones de intervalos cortos y muy intensos que alternan esfuerzo y recuperación. Con este tipo de entrenamiento, la sangre fluye, nutriendo el cuerpo y los genes de la longevidad se activan. Así que ¡a sudar!
Cuida tu alimentación. Optan por los productos de origen vegetal como base e incluye cantidades saludables de grasas monoinsaturadas (como el aceite de oliva, o los aguacates). Estos ácidos grasos son geniales para el cuerpo y algunos contienen polifenoles. También el vino tinto (con moderación, ya lo sabes) contiene polifenoles, en concreto resveratrol, que activa la longevidad.
Deja los cubiertos en el plato antes de «no poder más». La moderación en la mesa es saludable y esto no hace referencia sólo a lo que solemos llamar «comida basura», sino a la comida en general. No es que Sinclair sugiera que pasemos hambre, pero recomienda dejar de comer cuando estemos al 60% o al 70% de nuestra capacidad, antes de sentirnos demasiado llenos.
Dulces sueños. El cuerpo necesita restaurarse. Si escatimas horas de sueño estás acelerando el envejecimiento. Así que ya sabes el precio que pagas si tienes el hábito de quedarte despierta hasta altas horas y no descansas lo suficiente.