No hacía falta ser una visionaria para pronosticar que septiembre llegaría, aunque desde que vivimos la pandemia ya nos vamos haciendo a la idea de que no todo es tan predecible como tal vez pensábamos. A veces, todo cambia extraordinariamente rápido.
La filosofía de mi blog, que lógicamente es la mía es “un enfoque holístico para una vida de lujo”.
A mí, el colmo del lujo me parece vivir una vida de la que no necesites vacaciones. Si me lees, esta idea no te resulta nueva y en este punto puede que me odies un poquito pensando: “¿te estás riendo de mi diciéndome esto, otra vez, justo al empezar septiembre? De verdad que no. Intento que todo lo que me mueve surja desde el corazón.
Si me has odiado un poquito, una reflexión: ¿soy yo o es esa vocecita dentro tuyo que sabe que la vida tiene ser “algo” más? Piénsalo.
Una cosa es necesitar descansar regularmente, porque vivimos en la limitación de un cuerpo y una mente que no disponen de un depósito inagotable de energía. Otra cosa muy distinta es afrontar la vuelta a nuestra rutina, en parte con ciertas ganas, pero con el ojo puesto en los días festivos del próximo trimestre, porque es lo único que consigue motivarte.
Una cosa es descansar y otra que necesites narcotizarte para no pensar demasiado, porque tus días son poco alentadores. O porque el futuro te angustia y te autoconvences diciéndote “no, es que yo vivo el presente”. Eso sí, en el caso de que para ti el sentido de “vivir el presente” signifique que avanzas con confianza hacia tu futuro y te sientes realmente vivo, una vez más desde el corazón, felicidades.
Los narcóticos se presentan en varios formatos: ocupar todo tu tiempo con el trabajo porque cuando te asomas al resto de tu vida no te gusta lo que ves, estar deseando llegar a casa y administrarte un chute de Netflix para no pensar, salir de fiesta para sentir ese subidón que vuelve a ser bajón al día siguiente, y un largo etc. En el peor de los casos, también en formato conducta claramente autodestructiva que requiere atención especial.
Aclarar que me parece genial disfrutar de nuestras series preferidas o salir de fiesta, pero creo que tú ya me entiendes.
En todo caso, narcotizarse no soluciona nada. Sólo consigue que aparquemos asuntos que se quedan sin gestionar, creyendo que manteniéndolos enterrados no tienen ningún efecto en nuestras vidas. Pero no es así. En ocasiones vamos por la vida con las ruedas dentadas y sin embargo seguimos sin entender porque es tan complicado el camino.
De vez en cuando tenemos que pasar la ITV de nuestra vida y atender lo que haya que atender. Sobre todo, si alguna luz roja lleva ya tiempo encendiéndose. A veces, el problema es que llevamos tanto tiempo conduciendo con esa lucecita roja encendida en el panel, que ya ni la vemos. Pero algún día habrá que atender a lo que nos indica.
A veces vas a la ITV y sales con la conclusión de que casi es mejor que te compres un coche nuevo. A veces, con ajustar una pieza basta. Otras veces se te confirma que todo está perfecto para seguir rodando. ¡Super!
Llegados a este punto, puedes parar de leerme y así te dejo ya “en paz”.
También puedes comprender que la paz es, precisamente, el gran regalo que te acabas concediendo cuando miras tu vida de frente y te pones manos a la obra con lo que haga falta, en caso de que detectes que te hace falta.
Yo creo que septiembre es un buen mes para la ITV. Con V de vida.
¿Y tú, pasas la ITV?