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Blancanieves & Friends

Betsy Cohen, una psicoterapeuta estadounidense, acuñó el término “síndrome de Blancanieves” en uno de sus libros. Sin tener la certeza absoluta de que las organizaciones pertinentes hayan reconocido este trastorno como tal, creo que a nadie le costará identificar este “síndrome” como una realidad bastante extendida, ya que sus síntomas son bastante característicos. Aunque llamado síndrome de Blancanieves, lo acertado es referirse a su madrastra, que es quien se sentía amenazada e insegura por la belleza y la juventud de Blancanieves.

Si bien por lo que la madrastra representa, este síndrome parece atribuirse a mujeres, sin duda aqueja a los hombres por igual. Les ocurre a personas que sobrevaloran la belleza física o lo que la juventud representa, que sienten pavor ante la perspectiva de envejecer. Cuando el cuerpo empieza a evidenciar el paso del tiempo, aparece la frustración y la ansiedad, la melancolía por la juventud que se escapa e incluso el miedo a acabar solas por el hecho de dejar de ser jóvenes y bellas. Son personas que pueden llegar a desarrollar celos o envidia hacia los que son más jóvenes, incluso hacia sus propios hijos; necesitan la aprobación externa que les confirme que siguen siendo tan atractivas, o tan capaces como antes; reclaman la atención, tal vez flirteando con personas más jóvenes; intentan disimular su edad por todos los medios posibles.

El síndrome de Blancanieves evidencia de una manera cristalina la importancia de trabajarse a una misma, de aprender a aceptar lo inevitable, la necesidad de tener claro quien somos, de entrar en contacto con esa parte de nosotras donde reside nuestro verdadero valor y de atesorar esa esencia que no envejece jamás. Hay una diferencia exponencial entre cuidarte porque te amas y tienes la intención de disfrutar de la vida el mayor tiempo posible y estar obsesionada con “parecer” joven. Lo sano es cultivar una actitud pro-edad, no una absurda cruzada anti-edad, que tienes perdida de antemano.

Me parece trágico que cumplir años represente y se sienta sólo como pérdida y declive. Se puede cumplir años sintiendo agradecimiento por poder cumplirlos, disfrutando del enorme valor de la sabiduría que vamos adquiriendo, porque es esa misma sabiduría la que te permite vivir todas las fases de la vida plenamente.

En realidad, no se trata de ser joven o no, sino de amarse genuinamente. A veces no nos dimos cuenta de lo jóvenes y guapas que eremos cuando teníamos 20 años, porque no lo sentíamos así. Cuando yo era adolescente había que ser Samantha Fox, con mucho pecho y cadera estrecha, si no, no eras “válida”. Los dictados externos nos cuentan que nuestra apariencia debe ser de una manera determinada. Me parece tan sumamente disparatado… Tan disparatado como querer ver belleza y potencial sólo en la juventud. Que la hay, muchísima, pero no exclusivamente. La belleza está siempre en el ojo del que mira y no tiene una única forma. Mira y mírate con amor y verás belleza.

Mi hija tiene una camiseta con un estampado de la serie “Friends” que pone:

Dress like Rachel ~ Viste como Rachel

Cook like Monica ~ Cocina como Monica

Eat like Joey ~ Come como Joey

Love like Ross ~ Ama como Ross

Live like Phoebe ~ Vive como Phoebe

Laugh like Chandler ~ Ríe como Chandler

Sentir ganas de vida es una decisión consciente. La vida no se tiene «por delante», se tiene siempre ahora. Hay jóvenes muy jóvenes y hay viejos que son, pues eso, viejos. Cierto. Pero también conozco a jóvenes que son viejos por su apatía vital, que drenan tu energía con sólo mirarlos. Y conozco a viejos muy jóvenes. Porque sentirse joven es serlo. Cumplir años es un lujo. El problema sería no cumplirlos, ¿no crees? La edad la creamos nosotros en nuestra mente. Créetelo.

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