Ideologías políticas al margen, Estados Unidos vive un momento histórico. En el mismo año en que se cumple el centenario del voto femenino en el país, una mujer ocupa la vicepresidencia por primera vez en la historia, asegurando en su primer discurso postelectoral ante la nación “Aunque yo sea la primera mujer en este cargo, no seré la última”
Kamala Devi Harris, de padres inmigrantes, originarios de India y Jamaica, nació en Oakland, California. Cuentan que su madre quiso darles a sus hijas nombres sánscritos derivados de la mitología hindú, para ayudar a preservar su identidad cultural. Habrás leído ya en algún lugar, algún día de estos, que Kamala significa “loto”, flor que simboliza la pureza, la regeneración y la iluminación y que es también otro de los nombres de la diosa hindú Lakshmi, diosa de la riqueza, la fortuna, el poder y la bondad. Además, el segundo nombre de Kamala, Devi, es el de una poderosa diosa emblema de la mujer divina. Si un nombre puede tener algún influjo en nuestro destino, Kamala promete. Sólo por lo que su nombre significa, esta mujer ya resulta inspiradora y un buen augurio.
‘Mi madre entendió muy bien que estaba criando a dos hijas negras’, escribió Harris en su autobiografía The Truths We Hold, ‘Sabía que su tierra adoptiva nos vería a Maya y a mí como niñas negras, y estaba decidida a asegurarse de que nos convirtiéramos en mujeres negras orgullosas y seguras de sí mismas’.
Kamala Harris representa a las minorías, por ser la primera afroamericana y asiática en ocupar el segundo puesto en el gobierno nacional, junto al también recién elegido presidente Joe Biden.
La carrera de esta mujer está formada de momentos históricos: por ejemplo, en 2003 fue elegida fiscal del distrito de San Francisco, y en 2016 se convirtió en la segunda mujer afroamericana en tener un puesto en el Senado de Estados Unidos. Ahora, Harris se convierte en el primer afroamericano y surasiático-americano en ser elegido vicepresidente, así como en la primera mujer en asumir el cargo.
‘…Y la decisión que tomé fue, voy a intentar entrar en el sistema, donde no tengo que pedir permiso para cambiar lo que hay que cambiar’.
En su primer discurso tras conocerse la victoria electoral del Partido Demócrata, Kamala Harris se refirió al rol de la mujer en nuestra sociedad desde un punto de vista histórico. «Estoy pensando en las generaciones de mujeres, mujeres negras, mujeres asiáticas, blancas, latinas, nativas americanas, que a lo largo de la historia de nuestra nación han allanado el camino para este momento de esta noche. Mujeres que lucharon y se sacrificaron tanto por la igualdad, la libertad y la justicia para todos. Incluidas las mujeres negras que a menudo, con demasiada frecuencia, se pasan por alto, pero que a menudo demuestran que son la columna vertebral de nuestra democracia».
A pesar de la emoción generada por su elección, Kamala Harris y Joe Biden tienen retos enormes por delante, ¿cuándo no los ha habido? Sea como sea, el caso de Kamala Harris me parece un ejemplo tangible de confirmación de esperanza, de que los techos de cristal no son irrompibles, de que las cosas pueden cambiar y cambian.
El pasado 31 de octubre leí un post en Instagram que decía “This is the last Halloween there’s a Monster in the White House”. “Este es el último Halloween que hay un monstruo en la Casa Blanca”. Supongo que es una obviedad decir que los líderes que nos representan llegan al poder porque su ideología está respaldada por la de muchos. Tal vez lo más importante sea estar pendientes de no alimentar al monstruo que cada uno de nosotros alberga dentro y esmerarnos por nutrir esa parte nuestra que siente lo que nos hace iguales como una gran verdad.




