"Gratitude turns what we have into enough" Anonymous
Leo “Rebajas hasta el 31 de Agosto” en un anuncio publicitario, los pensamientos se enlazan unos con otros a una velocidad imposible de seguir y todo ello da pie a mi reflexión de hoy.
Confieso que, hace años, no me era extraño salir de compras por el simple hecho de comprar algo nuevo o ir de rebajas porque era temporada de rebajas. Me he llevado a casa cosas porque estaban bien de precio, experimentando que, lo que en un principio me parecía una compra inteligente, había sido sólo un impulso que me hacía sentir algo estúpida y poco orgullosa de mi decisión poco después.
Desde hace un tiempo, antes de salir de compras y adquirir algo que ni siquiera sabía que iba a comprar y comprarlo sólo por su precio, hago el ejercicio de plantearme si de verdad necesito algo. Aunque admito que el concepto “necesitar” es muy cuestionable, lo que hago es preguntarme qué necesito y para que necesito lo que creo que necesito. No es la austeridad lo que pretendo defender, pues la austeridad puede esconder falta de merecimiento y ser una actitud que derivada del miedo y la escasez.
Mi objetivo particular es conseguir un armario con un buen fondo. Bonito, depurado, consciente, sostenible, en el que, una vez más, la calidad prime sobre la cantidad. Un armario basado en el concepto de estilo propio, que no es lo mismo que la moda. El estilo implica conocerse, es una expresión de quién eres y para ello tienes que saberlo. De tu estilo propio depende a qué decides dar cabida en tu armario y a qué no, independientemente de los dictados externos. La moda es efímera, el estilo permanece.
Además, he cogido el hábito de revisar mi guardarropa e ir de compras a mi propio armario. Así, he descubierto cosas preciosas que no recordaba que tenía y que ahí estaban, abandonadas en el olvido, aunque las tenía al alcance con sólo prestarles atención.
No abrirse a nada nuevo es negarse a evolucionar y ya sabemos que el cambio es la única constante. Por otro lado, lo nuevo, aunque estimulante, puede resultar ser sólo un sucedáneo de felicidad poco duradera. Si “más” significa sólo más y no necesariamente mejor, con “nuevo” pasa lo mismo. Me refiero a una manera de entender la vida, a ser conscientes de qué es lo que nos conduce a querer eliminar o añadir objetos, experiencias, relaciones, lo que sea. En todo caso, que lo que nos lleve a eliminar o añadir no sea un intento de suplir carencias o llenar vacíos que nada externo colmará.
El ser humano pone el foco con demasiada frecuencia en lo cree que le falta. ¿Te imaginas lo diferentes serían nuestras relaciones, nuestra sociedad, nuestras vidas si pusiéramos el foco consciente en valorar lo que sí tenemos? Si lo “pensamos”, nos damos cuenta. Sin embargo, el verdadero poder de la gratitud no reside en hacer un ejercicio mental, sino en sentir auténtica gratitud. Revisar frecuentemente los motivos que tenemos para estar agradecidos a la vida, no sólo nos hace volver a valorar lo más obvio, sino que cuando te centras en sentir agradecimiento, tu lista se va ampliando.
Damos demasiado por supuesto, hay muchísimas cosas que son habituales en nuestras vidas y que, precisamente por habituales, dejamos de valorar. Valorar lo que se tiene, no es una actitud que al ser humano le venga de fábrica. Me parece sumamente triste valorar cuando se pierde, darse cuenta del valor de algo, o de alguien, porque ya no se tiene. He escuchado a menudo discursos de añoranza de tiempos pasados. Probablemente, cuando ese pasado era presente tampoco se valoró. Vivir por el futuro sin detenerse a apreciar todo lo que el presente ofrece tampoco es diferente. Vivir sin valorar el presente y lo presente hace imposible vivir plenamente.
En lugar de centrarnos en lo que creemos que nos falta, enfrentándonos al mundo vibrando en un estado de carencia y recibiendo consecuentemente más carencia, de nosotros depende romper el bucle, darle la vuelta a la historia y preguntarnos qué le estamos entregando a la vida, antes de reclamarle tanto. Debemos estar dispuestos a dar primero para que sea posible recibir, aunque en el fondo es lo mismo. Al pensar en entregar, tengamos presente que lo que la vida nos tiene en cuenta está detrás de lo tangible, de lo material. Está en la intención y en la emoción que se esconde detrás de lo que hacemos. Probemos con la actitud de respetar y respetarnos antes de exigir respeto, valorar y valorarnos antes de exigir reconocimiento, ser generosos, entregar amor y amarnos antes de reclamar amor. Debemos comprender profundamente que, al fin y al cabo, nunca le entregamos nada a nadie, todo nos lo hacemos a nosotros mismos.
Poner en práctica el ejercicio consciente de darle el valor merecido a lo que hay en nuestras vidas es una decisión. La gratitud es una fórmula exprés totalmente a nuestro alcance que nos permite sentirnos infinitamente ricos y vivir en estado de plenitud. Mirar al mundo desde ese estado lo cambia todo. Probemos.