Que lo importante no es tanto lo que nos pasa sino nuetra interpretación y nuestra reacción ante ello es algo de lo que tengo evidencia todos los días.
Cada interlocutor con el que comparto conversación me ofrece su versión de la realidad y observo varias lecturas y reacciones. Es bastante habitual dejarse llevar por el miedo derivado de pensar en todo lo malo que nos puede acontecer y volvernos locos imaginando posibles desastres que no han sucedido, que sólo existen en nuestra mente. Lo cierto es que no tendemos a perdernos, precisamente, en la fantasía de que la circunstancia que estamos viviendo acabará teniendo como resultado un mundo mejor.
Me doy cuenta, varias veces al día, cada día, de la vital importancia de desarrollar la capacidad de vivir libres de angustia, a pesar de la incertidumbre, a pesar de no tener la respuesta para todo, ni un plan para cada situación, porque no todo es previsible. Si algo nos ha demostrado la pandemia es, precisamente, la imposibilidad de preverlo todo.
No sé si a alguien aún pueden quedarle dudas de que lo único que podemos aspirar a controlar es nuestra mente. Este aprendizaje se esconde tras infinidad de situaciones en la vida, pero el mundo está viviendo últimamente circunstancias que lo han puesto en evidencia, masivamente.
Qué importante es centrarnos en nosotros para desarrollar herramientas que nos permitan afrontar las situaciones que se nos presentan con un entorno mental saludable, eficiente y efectivo. La única opción sigue siendo mantenernos atentos, para no perder el contacto con esa parte de nosotros que es capaz de mandar sobre la mente. Si no, es la mente quien manda y tiende a crear historias que nos hacen caer presas del pánico. Desde ahí jamás tomaremos la decisión más ecológica a todos los niveles. En todo caso, si te pones a inventar historias mentales, toma conciencia de que el género de las películas que te montas lo eliges tu. Ya sea conscientemente o por defecto.
Claro que hay que aprender y aplicar las medidas necesarias para que ciertos trances no se repitan, pero sigue siendo obvio que no podemos anticiparnos a todo. La vida seguirá sorprendiéndonos con sus maneras de transmitirnos la lección que no hemos aprendido aún. Plantéate para qué te pone la vida esa circunstancia delante y decide cómo la vives.
Algunas ideas que ayudan en el cometido de crear un ambiente mental más propicio:
- El contacto con la naturaleza, donde todo “es”, donde la quietud y el fluir se contagian, las estaciones no se detienen, el horizonte se amplía y consigues relativizar, aquietar la mente y tomar perspectiva.
- La meditación, esa gimnasia mental, que te permite distanciarte de tu mente, observarla, e ir ganándole terreno, con paciencia y práctica.
- El ejercicio físico, que te centra en el cuerpo, consiguiendo movilizar y liberar energía, apaciguando el frenético bucle de pensamientos descontrolados.
- Leer y embarcarte así en historias maravillosas, o en lecturas inspiradoras que te hagan cuestionar tus propios paradigmas. Me atrevo a sugerirte que, para el propósito de crearte un ambiente mental más propicio, no elijas las noticias como lectura.
- Cultivar esas relaciones saludables que nos nutren. Tomarte un café o charlar por teléfono, o Skype, Zoom o cualquiera de las muchas opciones que nos permiten estar cerca incluso de los que están físicamente lejos.
- Dormir. No regatear con tus horas de descanso con la excusa de todo lo que tienes por hacer, o bien dedicando tiempo a ciertas actividades, a veces por pura inercia. Es esencial contribuir con nuestros hábitos a mantener el estrés alejado, por múltiples motivos, entre ellos, mantener el sistema inmunológico en buenas condiciones.
- Cocinar, hundir las manos en la tierra del jardín, pintar, tocar un instrumento musical. Dedicarte a cualquier tarea que dé rienda suelta a tu creatividad y te haga disfrutar, perdiendo así la noción del espacio-tiempo y de todo lo que sucede a tu alrededor.
¿En qué oasis particulares te reencuentras tú?




