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Lujo

El sábado pasado estuve en Barcelona. La huella de Gaudí, arquitectura sorprendente en cada rincón, el arte en la calle, mil rincones por descubrir… las razones por las que Barcelona me mantiene enamorada nunca se acaban. Pero, sobre todo, Barcelona tiene mar. El paseo por el puerto es un “must” casi siempre que visito la ciudad. El sábado pasado, disfrutando de un tiempo fabuloso, hubo paseo por el puerto. En el puerto suelen haber yates amarrados, así que aparece otro clásico como parte de la conversación durante esos paseos: “¿Te gustaría tener un yate?”. Para mí, la respuesta más reflexionada y honesta es “depende”. Al margen de los muchos temas que podrían surgir alrededor de este tipo de embarcaciones privadas, ese paseo de lujo me invita a darle un repaso al concepto de lujo.

La definición de lujo implica dos ideas básicas: “un lujo” corresponde a un estado de gran confort y también “un lujo” es algo escaso, o que es difícil de conseguir, como los yates privados. Con demasiada frecuencia vemos el lujo como una manera de definirnos ante el mundo y olvidamos la primera parte de la definición. Si algo nos resulta incómodo ¿puede considerarse un lujo?

La intención detrás de cualquier cosa que decidamos incorporar a nuestra vida debería ser crearnos una vida de auténtica calidad. Y, a veces para saber qué es algo, hay que tener claro qué no es.

El verdadero lujo NO es:

Tener o alquilar un yate casa, coche, un bolso, en definitiva, cualquier bien material, si este consume tal proporción de tu presupuesto que no te permite disfrutar del día a día por la angustia que te genera tener que mantener ese nivel. Un lujo es una vida que te resulta sencilla y confortable, no estresante, agotadora y llena de sacrificio prescindible.

Más (dinero, ropa, zapatos, coches, amigos…) Un lujo es tener dinero suficiente para tener un nivel de confort adecuado sin vivir por encima de tus posibilidades, amistades genuinas, ropa con la que te sientes bien, una salud que te permite disfrutar de lo que la vida ofrece. Si nuestras elecciones se basan en la necesidad de demostrarle algo al mundo exterior, reexamínemos nuestros parámetros con urgencia.

Visitar Paris o Nueva York (por usar dos ejemplos estereotípicos) si a ti esos destinos no te resultan particularmente interesantes. Se trata de entenderte a ti mismo, de ser honesto y de avanzar por tu propio camino, no por el marcado si no resuena contigo.

Más responsabilidad o posiciones de poder. Debemos escoger y considerar con cuidado las responsabilidades que estamos dispuestos a asumir y el impacto que estas pueden tener en nuestra calidad de vida, a todos los niveles, no sólo en el económico. Hay dinero y poder por el que se pagan precios muy altos.

Esforzarte por mantener el nivel de lo que otros a consideran “una buena vida”. No ignoremos a la persona única que cada uno de nosotros es. El lujo es una actitud ante la vida que te permite disfrutar de tus días y dormir totalmente en paz por las noches.

Lo que determina si vivimos una vida de lujo es la manera en la que decidimos invertir nuestro tiempo y dinero, para qué lo hacemos. Cuando algo es un lujo para ti, te llena por sí solo, lo disfrutas por puro placer y no necesitas aprobación externa. El lujo es la sensación de que no necesitas nada más de lo que ya tienes para sentir que lo tienes todo.

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