Hace ya dos semanas que estrenamos 2022. Durante estos días he ido reencontrándome – física y virtualmente – con varias personas. Al reencontrarnos con alguien a principios de año, solemos añadir algún comentario, algún matiz, detrás del arraigado “¡feliz año!”. Prestando atención a esos comentarios y matices, detecto que la esperanza, el potencial del año nuevo, los anhelos y las ilusiones, han perdido la chispa para algunos.
Hay cierta desgana a la hora de pensar en el futuro, a menudo atribuida a la situación derivada de la pandemia. Esta situación produce incertidumbre, cierto. Sin embargo y aunque podamos tener la sensación de lo contrario, tampoco antes teníamos certeza de lo que el futuro nos deparaba ¿verdad? La pandemia sólo nos lo ha dejado claro.
La pandemia no es un paréntesis, como también he oído decir. La vida no se detiene jamás y esta pandemia también es “la vida”, por paradójico que pueda parecer.
Después de los últimos dos años, tenemos razones justificables para aferrarnos a lo que creemos seguro, para tener miedo y tener dudas. Pero también tenemos la libertad de elegir verlo de otra manera y utilizar lo que hemos presenciado para elevar nuestra propia vida y la de quienes nos rodean.
Respecto a la falta de “chispa”, también es cierto que el invierno acaba de empezar. No llevamos ni un mes de invierno y si observas la naturaleza, este es un momento de quietud.
Sin embargo, parece que deberíamos estrenar el año sintiéndonos con unas ganas tremendas de acción, de ir a por lo siguiente. Si no es así, encima añadimos la culpa por no sentirnos cómo creemos que nos deberíamos sentir. Y volvemos a olvidarnos de absorber este momento.
Si todo el año transcurriera en un período de 24 horas, esta época sería algo así como la 1 de la madrugada.
¿Qué haces a la 1 am? ¿Qué anhela tu espíritu a esa hora?
Nada. Solo un sueño profundo y reparador.
A parte de la acción externa, con la que nos obsesionamos, está la acción interna, a la que con demasiada frecuencia no prestamos atención, con lo fundamental que es estar alineados antes de tomar cualquier decisión.
Esto requiere que vivamos conscientes, claro. Requiere que manejemos nuestros egos, reconociendo cuáles de las elecciones tomadas hasta ahora nos están impidiendo materializar la vida que deseamos e invirtiendo recursos en aquellas áreas en las que necesitamos evolucionar.
Tal vez este año podemos atrevernos a dar un paso adelante hacia lo desconocido, decidiendo creer que lo mejor está por venir, atrevernos a probar, atrevernos a ser completamente humanos, amables (con nosotros y con los demás) y curiosos. Porque es al elegir este enfoque, al permitir que sea el amor en vez del miedo lo que nos guie, cuando es posible crear recuerdos, construir relaciones y legados de los que sentirnos orgullosos.
No se trata de aferrarse a la esperanza, sino de asumir la responsabilidad de la mentalidad que hay detrás de nuestras acciones, de aquello a lo que nos acercamos, de aquello con lo que nos involucramos. Se trata de participar, de comprometernos con integridad y hacerlo de manera constructiva para que esa esperanza pueda materializarse ante nuestros ojos.
Si consigues acallar los “debería” ¿qué te pide el alma en estos momentos?
¿En qué áreas de tu vida puedes darte permiso y dejar de luchar, simplemente fluir, aunque sea durante un tiempo?
¿Qué tal si concedes el regalo de procurarte paz, dejar que el viento te lleve y tu sólo te ocupas de desplegar las alas, de sentir la libertad de vivir así, aunque sea tan solo por un tiempo, por probar, a ver qué sucede? ¿Te atreves?
¿Y si este año, en vez de preocuparte tanto y desear “que ciertas cosas fueran diferentes”, eliges ocuparte de llegar hasta el fondo de lo único sobre lo que tienes poder, o sea tú? ¿Qué pasaría?
Termino con una frase del poeta Rumi que me permito la licencia de traducir en femenino.
Ayer era inteligente y quería cambiar el mundo. Hoy soy sabia y estoy cambiando yo.
Este es mi propósito e implica seguir estando presente, disfrutando, explorando maneras de elevar mi día a día y compartiéndolas desde aquí, con el deseo sincero contribuir un poquito a elevar también tu día a día.
¿Cuál es el tu propósito?