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Globos y fotos en Formentera

"Los globos no se elevan por su color ni por su forma, sino por lo que llevan dentro"

Aunque las altas temperaturas se están dejando sentir desde hace días, ahora ya es verano oficialmente. Mostramos más piel y eso nos pone directamente en contacto con nuestra dimensión más obvia y externa: nuestro cuerpo.

Mi hija, tan joven, está en un momento de su vida en el que, a menudo, cede el poder de decidir cómo se siente a unos granitos inoportunos o algún quilo de más. Querer acompañarla en la gestión de esas emociones me obliga, ya de paso, a darles un repaso a las mías. Mi momento en la vida, tan joven, (incluyo un guiño aquí), empieza a dejar fuera de toda duda la existencia de ley de la gravedad.

Acicalándose para salir, se desencadena una de esas pequeñas crisis. «Nada le queda bien», según su propio juicio. Así que, con cariño y humor, buscamos la respuesta a lo siguiente:

¿En qué parte de tí se encuentra lo que te impide disfrutar del verano? ¿Crees que puedes hacer posible el disfrutarlo, aunque no parezcas exactamente recién salida de una foto de revista tomada en Formentera, de esas en la que todos muestran una piel lisa y bronceada, un cuerpo esculpido y una sonrisa tan blanca como la ropa que visten, que además no se arruga, aunque sea lino?

Cuando vas a la playa, ¿cuántas personas te parecen extraídas de esa foto? Cuando ves a alguien que no destaca por su espectacular belleza física, ¿piensas que debería quedarse tumbado en la toalla en vez de atreverse a levantarse para disfrutar de un baño? ¿Crees que debería auto aplicarse un confinamiento hasta el otoño en vez de permitirse disfrutar del sol libremente?

Cuando ves a alguien atractivo ¿das inmediatamente por supuesto que esa persona vive en plenitud y armonía constantes? ¿Por otro lado, conoces a alguien físicamente muy atractivo pero también muy insatisfecho con la vida?

Juntas, encontramos respuestas: no, ser atractivo no es garantía de plenitud y armonia en tu vida y, sí, ambas conocemos a alguien a quien describiríamos como físicamente atractivo, que no se siente satisfecho.

En un mundo tan de imagen y tan hacia fuera, hace falta acordarse de vez en cuando de ajustar la asociación que hacemos entre belleza física y felicidad. Más allá del debate sobre qué es la belleza, lo que solemos llamar «ser guapo» no equivale ser feliz, ni «ser feo» tampoco.

Así que, si te apetece, ponte el bañador, pensándolo dos veces, pero no tres, aunque tu six pack haya quedado algo escondido después de alguna que otra cervecita. Si tienes ganas, estrena ese vestido que deja la espalda al aire, sin darle tantas vueltas, aunque tu piel no luzca un tono canela. Aunque este año tampoco le hayamos ganado del todo la batalla a la celulitis, vamos a por el bikini. Yo ya no estoy en guerra con nada.

No estoy sugiriendo que nos olvidemos del criterio, del buen gusto y de la elegancia, ni, mucho menos, que dejemos de cuidarnos. Al contrario, ámate y precisamente por eso, cuídate mucho. Recuerda el poder lo que realmente importa, mantén a raya a ese ego que a veces aprovecha cualquier excusa para empequeñecerte, ningunearte y fastidiarte el momento. En todos los aspectos de tu vida, pon el foco en lo que tienes en vez de en lo que te falta. 

Se trata de disfrutar de este verano, que ya estamos haciendo único. En Formentera, donde te apetezca, o donde puedas desplazarte en este verano post confinamiento. 

Mi deseo: que la sonrisa en las fotos que te hagas sea la más genuina que hayas lucido en tu cara jamás, que brille desde la plenitud auténtica que sientes detrás de esa imagen, desde esa parte tuya que no se puede fotografiar, donde la belleza es de verdad y siempre. Allí la ley de la gravedad no tiene efecto y no salen granos. 

Desde el corazón se me dibuja una sonrisa muy sentida cuando entro en la habitación de mi hija y leo una frase que ha colgado: “los globos no se elevan por su color ni por su forma, sino por lo que llevan dentro”.

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