Cuando somos niños hacemos muchas más preguntas que cuando somos adultos. Al convertirnos en adultos tendemos a valorar más las respuestas. Sin embargo, son las preguntas las que tienen el potencial de hacernos avanzar.
Como coach he comprendido la importancia de cultivar el arte de hacer y hacerme las preguntas adecuadas. Este es un arte es que todos deberíamos cultivar, porque en la raíz de gran todo logro hay gran pregunta.
Las preguntas poderosas abren espacios de reflexión, que nos permiten explorar nuestra realidad interior. Las preguntas poderosas nos conducen a tener claridad y ver más posibilidades y son llaves que abren muchas puertas, sobre todo de lo no dicho, de lo inconsciente.
Para obtener la respuesta correcta debes hacerte la pregunta correcta. Las respuestas que te das conforman tus pensamientos, tus emociones, tus acciones y tus experiencias.
¿Qué tipo de preguntas te haces todos los días? ¿Eres consciente?
Las preguntas poderosas son preguntas de calidad, excelentes impulsos constructivos para evolucionar y crecer. Sin embargo, las preguntas de baja calidad te desempoderan y te mantienen en tu bucle.
¿Cuáles son las preguntas de baja calidad?
1 Aquellas que no están en tu esfera de influencia. Por ejemplo, tienes una relación con alguien y te preguntas: ¿Por qué nunca me escucha?” La respuesta a eso no está en tu esfera de influencia. Tu trabajo consiste en hacerte preguntas sobre lo que está en tu poder pensar y sentir y hacer.
2 Esas preguntas que tu mente parece generar de manera automática de madrugada también suelen ser de baja calidad «¿Y cómo no hice eso?» «¿Y porque hice aquello?»
3 Esas preguntas que llevas haciéndote toda la vida y a las que siempre das la misma respuesta…. Y por eso sigues igual. “¿Por qué siempre me pasa lo mismo?”, ¿Porqué nunca consigo perder peso?”
4 Preguntas que implican miedo al futuro. Ten en cuenta que a tu cerebro le encanta su zona conocida porque se siente a salvo. Entra en pánico cuando te planteas adentrarte en territorio desconocido y empieza a lanzarte preguntas entorno a todo lo que podría ir mal. «¿Y si falla esto o lo otro?» «¿Y si fracaso?”
5 Una pregunta concreta de baja calidad que nos hacemos con demasiada frecuencia es “¿Y tú quién te crees que eres para conseguir eso o querer aquello?”
Este tipo de preguntas son de mala calidad por las respuestas que generan. Generan respuestas que confirman el tema subyacente en la pregunta. Por ejemplo, si me pregunto “¿Por qué siempre fracaso?” Estoy dando por sentado que siempre fracaso y mi subconsciente buscará respuestas que me lo confirmarán y alimentarán el bucle.
¿Cuáles son las preguntas de calidad?
1 Las preguntas que haría un niño. Esas preguntas básicas, pero nada fáciles de contestar, que te permitirán tirar del hilo y te revelarán respuestas fascinantes.
2 Las preguntas que están en tu esfera de influencia, que te comprometen y te hacen asumir tu responsabilidad en el tema. Eso sí, trátate con amabilidad, con cariño y sin culpa.
3 Las preguntas que apuntan a tus sueños, a lo que te eleva, a lo que te abre nuevos horizontes y te proporciona una nueva perspectiva.
¿Cómo puedes transformar las preguntas de baja calidad en preguntas poderosas?
Dales la vuelta.
Cambia “Y si fallo?» por » ¿Y si lo consigo?»
Cambia «¿Cómo pude ser tan tonta?» por » ¿Qué he aprendido?» O, si es el caso «¿Cómo puedo reparar el daño?»
Cambia «¿Por qué nunca me escucha?» por «¿Qué puedo hacer para ser escuchada?»
Además, practica la escucha activa, con los demás, pero también contigo. Pon toda tu atención en las respuestas que obtienes a esas preguntas poderosas. Una manera de practicar la auto-escucha activa es escribir. Responde a tus preguntas por escrito y te sorprenderás.
Si quieres dirigir tu vida hacia aquello que deseas, practica el arte de hacerte las preguntas correctas. Cada pregunta es una invitación. Sé cuidadosa con aquello que invitas a tus espacios más íntimos que son tus pensamientos y tus sentimientos.