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Atención

Estamos teniendo un enero frío y, aunque la naturaleza sigue su curso, parece ahora aletargada. Hablar de primavera tiene casi un punto de cinismo, pero, por largo que sea un invierno, la primavera acaba llegando. Siempre. Como cada año, todo florecerá de nuevo.

Yo sé poquísimo de jardinería. Pero tengo cierto sentido común y sé observar. Si quiero que algo florezca, tengo que plantar eso, no otra cosa. Luego tengo que regarlo, cuidarlo y esperar. ¿Hasta cuándo? Hasta que florezca o dé sus frutos. ¿Durante cuánto tiempo? El que haga falta. Y seguir cuidándolo después.

Pienso que nuestra vida es como un jardín. Podemos decidir conscientemente qué queremos plantar y hacer espacio para las plantas elegidas: salud, familia, amigos, carrera profesional, lo que de verdad nos apasiona (que si vas a por el excelente debería coincidir con tu carrera profesional) … Si hay algo en nuestra vida que no tiene ninguna relación con lo que hemos decidido plantar, eso son malas hierbas. Así la vida se convierte en un proceso similar a cuidar un jardín. Hay que quitar las malas hierbas regularmente para permitir que las plantas de nuestra vida florezcan y desarrollen todo su potencial. Dicho así parece simple, pero no lo es. Con frecuencia nos dispersamos tanto que nos olvidamos de lo que plantamos, las malas hierbas van creciendo e invaden el jardín.

Uno de los ingredientes que falta en el jardín de nuestra vida es el foco. A la que nos descuidamos, nuestra atención ha sido absorbida. El mundo digital hace que sea muy fácil generar información y compartirla: prensa nacional e internacional, redes sociales, influencers… Existen incontables emisores y grandes dosis de información. En la sociedad de la información, nuestra atención es un bien preciado, un prerequisito para cualquier transacción económica que empresas y particulares se esfuerzan por captar. Es lo que se ha bautizado como “attention economy”, la economía de la atención. Y nuestras mentes son el mayor activo.

Muchas vidas son un caos porque el foco no está puesto en ellas. La atención se desvía de nuestra vida, de nuestro jardín, de nuestras prioridades y se dirige a las agendas de las grandes compañías que compiten por ella.

Y la única salida es ir hacia dentro, dirigir la atención hacia nuestro interior para desarrollar la autoconciencia, la capacidad de saber y comprender lo que ocurre en nuestro interior, dejando de buscar fuera tanto las causas de nuestra felicidad como las de nuestro sufrimiento.

Esta práctica es como regar las plantas que hemos decidido plantar en nuestro jardín, identificar las malas hierbas y eliminarlas. Cada día. Cuanto más practicas, más claro es tu enfoque. Y con el tiempo consigues un jardín precioso.

Nuestro bienestar físico y emocional depende del complicado equilibrio entre las necesidades personales y las del entorno del que formamos parte. La economía de la atención seguirá lanzándonos anzuelos. La lección que aprender y recordar es no distraernos, seguir manteniéndonos conscientes, despiertos, enfocando nuestra atención hacia lo que es verdaderamente importante en nuestras vidas. Superar la prueba es nuestra responsabilidad.

Termino con unas palabras de Albert Casmús, que me parecen muy oportunas: la felicidad es la simple armonía entre los seres humanos y las vidas que llevan.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Montse

    Gràcies Mar per els textos que escrius. És reconfortant re-llegir i trobar-hi missatges cada vegada.
    Espero que hagis tingut uns bons dies de relax.
    Ens retrobem el 15,oi?
    😘

    1. Mar Garvin

      Bon dia Montse,

      em resulta molt inspirador que trobis «reconfortant» el que escric, és part del meu Ikigai. Gràcies 💟

      La veritat és que sí que he tingut unes bones festes. Espero sincerament que tu també.

      I sí, ens retrobem el 15! Feliç setmana.

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